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Documento de apoyo para situaciones de desastres y emergencias Una catástrofe implica un evento negativo, a menudo imprevisto, que provoca destrucciones materiales y pérdidas humanas, también un gran número de víctimas y desorganización social. La destrucción trae muchas consecuencias que perduran en el tiempo, y cuyo impacto dependerá del tipo de manejo de las diferentes etapas: Etapa de la alerta, los rumores, el pánico, la solidaridad en la emergencia y etapa de la reconstrucción. Hay diferentes modelos que hablan acerca de las consecuencias de las experiencias traumáticas, entre las cuales podemos encontrar:
Una forma de dimensionar el impacto de las experiencias traumáticas es hacer una evaluación de los síntomas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que muchas de las reacciones frente a una catástrofe son: “reacciones normales frente a experiencias anormales”. Por lo tanto, es bueno conocer cuáles son las reacciones más comunes que uno podría presentar frente a estos eventos. Por otro lado, es necesario saber que no se pueden generalizar los efectos, por tanto, no todas las personas se sentirán igualmente impactadas ni presentarán las mismas consecuencias. De todos modos, se ha llegado al consenso que si el suceso es intenso, severo, implica oscuridad o ruido, no previsible, incontrolable e implica pérdidas personales, va a producir un mayor impacto. La bibliografía básica sobre impactos de catástrofe, menciona una alta presencia de cuadros de depresión, ansiedad, estrés post-traumático, alcoholismo y problemas psicóticos. Uno de los términos que más se utiliza para valorar las consecuencias de las catástrofes es el estrés post-traumático (cuya sigla en inglés es PTSD: Post Traumatic Stress Disorder) y que se caracterizaría básicamente por[1]:
Reacciones más comunes de los niños frente a un desastre. Mucho después de vivir una experiencia traumatizante, esta continúa siendo prioridad en los pensamientos, emociones y comportamientos de niños, niñas, adolescentes y adultos, pudiendo desencadenar una serie de consecuencias, algunas de las cuales se describen en el siguiente cuadro: Los niños no se quedan inmunes después de una situación trágica. Las reacciones que presenten van a depender de muchos factores; la edad que tenga el niño, experiencia pasada en este tipo de situaciones.... Estas reacciones pueden aparecer inmediatamente después del acontecimiento, o en los días o semanas posteriores al suceso.
Reacciones Normales[2] De los 1 a los 5 años
De los 6 a los 11 años
De los 12 a los 18 años
¿Cómo le puedo ayudar? - Permítale y anímele a que escriba, dibuje acerca del evento traumático. - Sea honesto con el niño/a y no mienta. Ante sus preguntas, dele respuestas claras y sencillas. - Pregúntele como se siente y ayude a poner nombres a esas emociones: “eso que estas sintiendo se llama miedo.” Si le cuesta expresar lo que siente ayúdele a hacerlo a través de cuentos, dibujos. - Ayúdele a entender algunas fantasías del evento. Explore si se siente culpable por lo sucedido y dígale que no es culpa suya. - Dígale como se siente usted, comparta con ellos sus emociones. Ello le hará ver que es normal el sentirse así. Recuerde que usted es el modelo a seguir por su hijo. Su manera de reaccionar influirá en la de su hijo/a.
¿Cuándo solicitar ayuda?
Reacciones más comunes de la población en general Ante una situación de desastre, las víctimas pueden mostrar una serie de reacciones. Su manifestación puede variar de individuo a individuo, aunque existen reacciones comunes que son REACCIONES NORMALES ANTE UN EVENTO ANORMAL.
Todas estas reacciones son respuestas normales a una situación anormal. El problema viene cuando los síntomas se agravan y son más intensos haciendo que la persona no se reajuste a la nueva realidad. Es entonces cuando hablaríamos de problemas psicológicos (trastornos de ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático...).
Acciones de afrontamiento En el caso de los niños, la recuperación emocional, va a depender del desarrollo físico, emocional y de las reacciones de las personas adultas responsables de protegerlos y cuidarlos, sin embargo, hay otros factores que hay que tomar en cuenta.
Las situaciones de urgencia y estrés colectivo muchas veces generan temor, debido al desconocimiento que tenemos con respecto a lo que sucede y a las consecuencias que podrían desencadenarse. Una de las estrategias para disminuir el temor, es el tener acceso a información básica que nos permita mantener la calma y actuar con la mayor seguridad y precaución posible. Es por eso que, citando el material elaborado por la Dirección General de Protección Civil de España, mencionaré cómo en este país distinguen los sucesos traumáticos, a fin de otorgar mayor claridad en el léxico con el cual uno hace mención a los distintos sucesos: Emergencia: situación que aparece cuando en la combinación de factores conocidos, surge un fenómeno o suceso que no se esperaba, eventual, inesperado y desagradable, por causar o poder causar daños en las personas, en los bienes, los servicios o el medio ambiente. La emergencia supone una ruptura de la normalidad de un sistema, pero no excede la capacidad de respuesta de la sociedad afectada. Crisis: Un estado delicado y conflictivo, en el origen del cual por circunstancias de origen interno o externo, se rompe el equilibrio y la normalidad de un sistema y se favorece su desorganización. Accidente: cuando los individuos afectados por un siniestro son un segmento de la población de fácil delimitación por una variable nominal: ocupantes de un automóvil, inquilinos de un edificio…en este tipo de situaciones la población queda fuera de los efectos del fenómeno o siniestro, la vida cotidiana de la colectividad no se ve alterada y los sistemas de respuesta y de ayuda a los afectados, quedan indemnes y pueden actuar. Desastre: cuando toda la población, de forma indiscriminada, se ve afectada por los hechos infaustos, y la vida social cotidiana se ve alterada. En los desastres, los sistemas de respuesta institucionales públicos y privados, también pueden quedar indemnes y pueden ayudar a la colectividad afectada. Catástrofe: es aquella situación en la que un fenómeno infausto e imprevisto, afecta a una colectividad en forma global, incluidos sus sistemas de respuesta institucionales. En la catástrofe, los individuos afectados no podrán contar con la ayuda institucional, al menos en los primeros momentos, y tendrán que hacer frente a las consecuencias del fenómeno con sus propias fuerzas. Calamidad: es aquella situación que se alarga en el tiempo, bien por reiteración, o prolongación o por sus efectos derivados, como una sequía continuada o los efectos de un virus residente.
Es importante destacar que en todas estas situaciones de estrés y especialmente en las de desastre, junto con las consecuencias negativas, también se producen una serie de aspectos positivos, que también hay que valorar, entre los cuales encontramos:
Finalmente, hay que pensar que todas las crisis representan una posibilidad de cambio y está en nuestras manos, el decidir si queremos que sea un cambio que nos permita avanzar o retroceder. [1] Entendamos el estrés traumático infantil. National Child Traumatic Stress Network. [2] Guia práctica de salud mental en situaciones de desastre (2006) Organización Panamericana de la Salud. Washington D.C.
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